viernes, 22 de febrero de 2019

Sobre la confianza

Esta vez escribo en la revista Homonosapiens sobre la confianza, brújula de nuestro pensar y sentir, que nos orienta, sin duda, a la vida buena. El artículo original está aquí
 Sobre la confianza
¡Oh mundo, todo cuanto se adecua a ti se adecua a mí! Nada sucede para mí demasiado pronto ni demasiado tarde siempre que sucede a tiempo para ti. Oh naturaleza, cualquier cosa que tus estaciones proporcionen será fructífera. Todo de ti, todo en ti, todo para ti.
                                                                                                                                            Marco Aurelio, Meditaciones
Entre todas las acepciones que existen sobre el concepto de confianza, me centraré en la que apela a una disposición o actitud a creer, tener fe y rendirse a lo que uno es en sí mismo que, a su vez, converge en la actitud de vivir conforme a la Razón. En palabras de Pierre Hadot en Ejercicios espirituales y filosofía antigua, al hilo de la anterior cita de Marco Aurelio, que influye a Jules Michelet, esto quiere decir lo siguiente:
Vivir conforme a la Razón supone por lo tanto reconocer que aquello que sucede “a tiempo” para el mundo sucede también a tiempo para nosotros mismos, que eso que “armoniza” con el mundo “armoniza” con nosotros mismos”, que el ritmo del mundo debe ser nuestro mundo. De este modo tal como Marco Aurelio repite por doquier, “amaremos” todo cuando el mundo “ama” crear, estaremos en armonía con la armonía de la propia naturaleza.
Desde esta perspectiva, por tanto, nos alejamos de una “falsa” concepción de la confianza que esté en relación a cumplir unas expectativas, es decir, de un apego a cómo deberían ser las cosas, el mundo y nosotros mismos, que no sería más que una expresión de nuestros propios límites a la hora de aceptar la realidad tal como es. La confianza va más allá de teorías, de los resultados y de exigencias ficticias porque está vinculada a la expresión de nuestra propia singularidad que no se deja coartar, ningunear o anular por otras voces propias, con las que nos hemos identificado, o con otras ajenas, que pensamos nos proporcionan seguridad. De hecho, en cuanto más nos apoyamos en los demás buscando seguridad, más alejados estamos de lo que es en realidad la confianza. Se trata, pues, de discernir, atender y confiar en nuestra propia, auténtica y profunda voz que surge de quién yo soy realmente. Atendiendo a esta concepción, la confianza es clave en la vía de llegar a nuestra plenitud como personas. Según R. W. Emerson en su libro La confianza en sí mismo:
La mayoría de las veces no nos expresamos más que a medias. Parece que nos avergonzamos de la idea divina que cada uno de nosotros representa. Y, sin embargo, debemos descansar en ella con seguridad, como en una cosa que está proporcionada a nuestras fuerzas y que nos lleva a un éxito seguro, con la sola condición de ser fielmente interpretada.
En nuestra vida cotidiana se suelen dar actitudes que van en contra de esa intuición básica que han recogido muchas de las tradiciones filosóficas y espirituales a lo largo de la historia. Es importante matizar que la desconexión de nuestra confianza en nosotros mismos, en los demás y en la realidad, se produce por la identificación con ciertos juicios y creencias limitadas. Algunas de ellas son muy poco consistentes, pero parecen estar plenamente asumidas por muchos de nosotros. Por ejemplo, creemos, en muchos casos, que la desconfianza es beneficiosa porque nos protege del peligro. Evitamos personas que creemos dañinas, nos alejamos de un mundo que interpretamos como hostil, e incluso desconfiamos de nosotros mismos, de nuestras cualidades y potenciales, cuando nos identificamos como seres malos, nocivos, inexpertos, torpes, etcétera. Pensamos que, de esta manera, entre otras consecuencias, nos ahorramos padecer un terrible sufrimiento. Pero, lo cierto es que, de este modo, estamos muy lejos de evitarlo porque es precisamente esta creencia limitada, que está operativa en nuestra vida, la que nos proporciona más sufrimiento.
En relación con lo dicho anteriormente, recurriré a otro ejemplo que señala las limitaciones y riesgos de la asunción acrítica de la idea de que la desconfianza es buena. En esta ocasión recurro al refranero popular. A todos nos han dicho alguna vez:  “Mejor malo conocido que bueno por conocer”. Bajo esta expresión descansa una creencia nefasta que no nos permite explorar en nuevos territorios, ámbitos y relaciones. En realidad, nos deja anclados en la inmovilidad de un presente –en el que paradójicamente no estamos presentes- e inmersos en un mar de resignación, que obstaculiza o frena un avance hacia otros lares. Se hace necesario, en este contexto, distinguir la desconfianza de la prudencia, siendo ésta última una buena y muy necesaria cualidad que nos protege del peligro y de vivir de forma temeraria. Ya decía Aristóteles en La moral a Nicómano que la prudencia debe “contribuir a la virtud y la felicidad humana”. En sus propias palabras:
Es necesario reconocer, que la prudencia es esta cualidad que, guiada por la verdad y por la razón, determina nuestra conducta con respecto a las cosas que pueden ser buenas para el hombre.
De lo que se trata, en este contexto, por tanto, es de reconocer como perniciosa la desconfianza cuando se trata de una reacción que va en contra de la vida. Es fácilmente reconocible esta actitud de resentimiento vital, en las actitudes de inmovilismo y de apego a ciertas cosas, personas y situaciones, que no es otra cosa que la falta de aceptación de que la vida es lo que es, ni buena ni mala, sino que simplemente es. Evidentemente, aquí no hablamos de una desconfianza o sospecha que responde a una intuición genuina de nuestra propio criterio e inteligencia, que se plasma en una vía indagación, de mayor comprensión, clarificación, y que se vincula a una actitud filosófica de amor a la verdad. Es decir, que cierta sospecha y desconfianza en lo que nos dicen, porque no acaba de encajar, cuadrar, con lo que nuestra intuición, inteligencia y experiencia, es signo de confianza en nuestro propio criterio y, es de hecho, uno de los motores de avance social, humano y cultural. La relación de la confianza -con uno mismo, los demás y la vida- está muy bien vista por Marina Garcés en Filosofía inacabada a través de esta cita:
¿Por qué nos confiamos a otros para pensar juntos lo que cada uno debe pensar por sí mismo? No hay filosofía que valga para uno solo. Pero no hay filosofía que no deba ser pensada y repensada por cada cual. Hacer filosofía es confiar en que todos podemos pensar por igual pero que nunca pensaremos todos igual. Es confiar en que las razones que sostienen una idea no son ocurrencias personales sino necesidades colectivas que pueden ser también revisadas colectivamente. Y es confiar en que sólo desde esta confianza puede librarse un verdadero combate del pensamiento contra todo lo que no nos deja pensar ni, por tanto, vivir.
¿Cómo podemos ver el grado de desconfianza con el que vivimos nuestra vida? Se muestra, de una forma muy clara, en el miedo que tenemos de vivir y de relacionarnos con lo desconocido. Si nos preguntamos en qué medida tememos lo nuevo y los cambios, podemos visualizar el grado de desconfianza que impera en nuestra vida. ¿Nos negamos a dejar nuestro trabajo cuando caemos en el abatimiento? ¿Nos resignamos a acabar una relación insatisfactoria? ¿Llevamos mal el paso del tiempo, por ejemplo, dejar atrás nuestra juventud? Si la respuesta es afirmativa, denota ese horror vacui insuflado por el miedo a caer en el abismo de la desconfianza y del sufrimiento, de que nada bueno puede pasarnos. La confianza, todo lo contrario, es aventurarse a vivir lo desconocido con la más firme convicción de que nada malo nos va a suceder porque nos mantenemos firmes y lúcidos en una vida que es siempre fluctuación, cambio e impermanencia. Esta vez, doy paso a Mónica Cavallé en La sabiduría recobrada:
El gozo de vivir radica en gran medida en el permanente asombro que acompaña a ese surgimiento, a la expresión de esa obra de arte que es nuestra vida y que no sabemos de antemano, como sucede en toda verdadera creación, cuál va a ser su forma acabada. Ser veraz supone vivir en una constante aventura. El yo superficial no se aventura; no se maravilla ni se sorprende, solo planifica; no se renueva, se repite a sí mismo ad nauseam.
Cuando uno se instala en la confianza de sí mismo, los miedos desaparecen y desvanecen los recelos, dejando paso, a una radical libertad, en la que cada uno de nosotros, se sitúa en lo que somos profunda y honestamente, que confía en nuestro propio criterio, que ya no reside en valoraciones ajenas, discursos teóricos, ni en expectativas. Es aquí donde brillamos y, por tanto, nuestra luz emerge. Nos sentimos en plenitud y amos de nuestra propia vida. Esto es clave, pues reside en no poner la confianza en otro sitio que no sea el de uno mismo. Si nuestra luz proviene de los demás no seremos más que un reflejo vano y dependiente de ellos. Solo la confianza nacida de una comprensión de nuestra propia naturaleza como seres con cualidades esenciales, nos permitirá asentir, que somos luz propia. Para acabar, dejo, de nuevo, a W. R. Emerson, que expresa esta idea:
En un principio compartimos nosotros la vida por lo que las cosas existen; luego vemos esas cosas en medio de la naturaleza como apariencias, y nos olvidamos de que hemos compartido su causa. He aquí la fuente y el origen de la acción y el pensamiento: los pulmones, cuya aspiración da salud al hombre; el manantial, que no podemos negar sin impiedad y ateísmo. Reposamos en el regazo de una vasta existencia, que nos hace receptores de su actividad y órganos de su verdad. Cuando discernimos la verdad y la justicia, no hacemos nada por nosotros mismos; nos limitamos a dar salida al resplandor de esta inteligencia. Si buscamos el origen de esto, si pretendemos espiar el alma-causa, todas nuestras filosofías son inútiles; lo único que podemos afirmar, es la presencia o la ausencia de esa luz.

viernes, 28 de diciembre de 2018

L'alteritat en el diàleg de Miquel Àngel Ballester





Teniu a les vostres mans uns diàlegs filosòfics, sense pretensions, un intent modest de contribuir a democratitzar l’esfera pública, d’introduir-hi més pluralitat, donant pas a altres veus que no s’escolten habitualment, veus de pensadors i pensadores que tenen molt a dir, i que potser no han tingut gaire oportunitats de ser escoltats i llegits.

Les paraules d’aquest llibre no són paraules que callen altres paraules, no són paraules bomba, que fereixen i violen. No són aquestes les paraules elegides. Les paraules que ens interessen i que teixeixen les pàgines d’aquest llibre són aquelles que vesteixen, que fan comunitat, són paraules brúixola que estan pensades i escrites per intercanviar idees i mons, són paraules que cosides unes amb les altres teixeixen sentits i comunitats filosòfiques, escoles de vida i pensament. (Del pròleg de l’autor)




sábado, 15 de septiembre de 2018

RETIR FILOSÒFIC

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24-25 Novembre al Petit Hotel Ca Sa Padrina d’Artà (Mallorca)

Des de l’enfocament de la filosofia sapiencial et proposo fer un viatge cap a l’interior de cada un, a  fer una autoindagació filosòfica experiencial que et porti al teu sentir més profund, a la veu interior de la qual emergeix qui ets realment. Farem una distinció entre el sentir que et porta a sentir la vida tal com és –el sentir profund-  i el sentir que et dirigeix contra la vida –el sentir de l’ego- que no accepta les coses com són i que desitja que siguin diferents.  Començarem el trajecte partint de les teves emocions, de com sents la teva vida diàriament. Veurem com et relaciones amb el teu propi sentir i en quina mesura poses resistència evitant-lo o fugint d’ell. Vorem com desconnectes del teu sentir profund perquè  t’identifiques amb idees inadequades o errònies que són la font de malestar existencial i el patiment. L’objectiu és posar més consciència i comprensió a través de la indagació i qüestionament d’aquestes creences limitades.  Mostrarem també algunes indicacions de la filosofia sapiencial, en concret el camí de l’alegria, a través del filòsof Spinoza, que  suggereix una via de discerniment per reconèixer i sentir amb claredat la teva veu interior i distingir-la de la veu de l’ego.

COM TREBALLAREM?

El coneixement de la naturalesa profunda de l’ésser humà a la filosofia sapiencial només es pot fer de forma experiencial. No es necessiten coneixements previs de filosofia i és accessible a totthom. Per tant, no és un taller enfocat a teories filosòfiques, ni tampoc es basa en un enfocament psicològic de qui som, sinó que es tracta d’experienciar“ qui som i com sentim la vida. Experimentar, en definitiva, que som més que la nostra ment, és el que ens permetrà sentir la vida més profundament i estar més present seguint la nostra pròpia veu des del nostre “centre“ interior incondicionat i lliure.
Es tracta, per tant, de fer una indagació personal des de situacions problemàtiques personals o en aspectes relacionats amb la temàtica que vulguis aprofundir més. Treballarem bàsicament amb el diàleg filosòfic, a partir de textos filosòfics, dinàmiques grupals i meditacions, que ens permetin identificar quins són els obstacles que no en deixan assaborir la vida.

CONTINGUTS
1.-L’autoconeixement des de la filosofia sapiencial. La teoria estoica sobre les emocions i les passions.
2.- Identificar a través del diàleg intern les creences que alimenten les emocions que no ens permeten sentir profundament i constitueixen la font del patiment. Esbrinar què fem amb el que sentim y què és el que estem evitant sentir.
3.-La via del discerniment. El conatus de Spinoza. El camí del voler i l’alegria/el camí del deure i la tristesa.

PROGRAMA
-dissabte, 24 de novembre.
10h.Recepció
10.30h. Presentació i inici del taller.
1r diàleg filosòfic:. L’autoconeixement des de la filosofia sapiencial. Estoicisme: teoria de las emocions. Las passions com errades dels nostrs judicis. Els sentiments purs. Dolor i patiment.
12.00h. Passeig filosòfic a Cala Agulla. Activitat de presència. Elecció del tema/aspecte/situació que volem treballar. Exercici: ens escrivim davant de la mar.  Converses en petits grups i posada en comú.
14-30 h Dinar.
16.30h 2n diàleg filosòfic: Com sentim la nostra vida? Estratègies d’evitació del sentir. Exercici d’identificació amb algunes pautes de conducta.   Dialèg interior. Exercici experiencial per identificar creences.
18.00h. Infusions i pastes.
18.30h. Filosofia pràctica. Les ferides i buits ontològics. Exercici per a detectar la ferida bàsica. Indicacions per sanar la ferida.
20.30h. Sopar.
– Diumenge, 12 de febrer.
8.30h. Esmorzar.
9.30h. Què es requereix per a reconnectar-nos amb el nostre sentir profund? Spinoza i la teoria del conatus. La relació virtut-potència-alegria i la relació passió-impotència-tristesa.
11h. Infusions.
11.30h. Pràctica filosòfica: La direcció del voler. Com em sento i em relaciono amb el que em dóna la vida?
13.00h. Acabament

PREU
100 € allotjament: habitació doble compartida/curs /dinar/sopar i esmorzar (menú vegetarià). Si opteu per dormir en una habitació individual el preu total és de 115 €.
65 € curs /dinar/sopar/esmorzar sense allotjament.
Inscripció i més informació  aquí

domingo, 2 de septiembre de 2018

Sobre el pensar y el sentir

  Sobre el pensar y el sentir

Mi nuevo artículo: Sobre el pensar y el sentir en la revista Homonosapiens.

Es bien sabido que a lo largo de la historia de la filosofía occidental se ha proporcionado una relevancia desproporcionada al pensamiento respecto a las emociones. Un planteamiento que supone, en la mayoría de ocasiones, un predominio del uso de la razón para la toma de decisiones en el ámbito del obrar, y en nuestra vida, desligado de nuestras emociones. Se ha presupuesto que nuestras emociones nos molestan, nos confunden e interfieren en nuestro propio discernimiento. Sin embargo, y éste es el tema a tratar, existe más que una íntima y necesaria relación entre pensar y sentir, que nos permite vislumbrar que forman parte de una unidad indisoluble a la hora de hablar de la vida buena, en términos de autenticidad, plenitud y de acuerdo con la verdad. El conocimiento no puede surgir de otra fuente que la de nuestro sentir más profundo. Y más bien, me atrevería a decir, que el verdadero conocimiento surge de sentir la vida. 
Empecemos, lo primero de todo, matizando qué es “pensar” y “sentir”, para ir desgranando y clarificando después la cuestión de base. Pensar deriva del latín pendeo (“pesar”, “calcular”, “colgar”). Se hace referencia con ello a una báscula mental para “pesar” nuestros argumentos y escoger el que tiene más peso. En consecuencia, pensar es una actividad racional y discursiva. En una acepción más general es cualquier actividad mental incluyendo desear, dudar, querer imaginar, que es la designada por Descartes con el término cogito. Por otra parte, sentir proviene del verbo sentire que se traduce como “percibir”, “discernir por los sentidos”, “escuchar”, que implica tanto la percepción sensible como el pensar. Desde la biología y la psicología se habla de emociones instintivas, naturales y físicas, necesarias para la supervivencia y, además, también de las emociones que son conformadas por nuestra mente y que operan en un ámbito físico y conductual. Sin embargo, estos términos necesitan ser completados, si queremos hablar de la relación existente entre el sentir y el pensar. La filosofía sapiencial señala un sentir vinculado al sentir profundo, que es un sentir que afecta completamente todo nuestro ser, frente a un sentir mediado por el pensamiento. Es decir, sentimos profundamente cuando nos abrimos a la vida tal como se nos presenta y, con ello, nos sumergimos en la totalidad del mundo. Esta idea está en consonancia con una concepción del hombre en la que se subraya la dimensión ontológica de la identidad última del ser humano. Los filósofos antiguos llamaban a esta dimensión nous (“espíritu”, “intelecto” o “conciencia pura”), que se caracterizaba por permitir al ser humano transcender su individualidad y ser Uno con el Todo. Me remito a una cita, que puede ser clarificadora, de Pierre Hadot en La filosofía como forma de vida:
“En términos generales, personalmente tendería a representarme la elección filosófica fundamental, es decir, el esfuerzo a la sabiduría, como una superación del yo parcial y personal, egocéntrico, egoísta, para alcanzar el nivel de un yo superior que ve todas las cosas desde la perspectiva de la universalidad y la totalidad, que toma conciencia de sí mismo como parte del cosmos, que abraza entonces la totalidad de las cosas”.
Los estoicos, desde esta concepción, establecieron una relación entre pensar y sentir, proponiendo una vía de discernimiento para reconocer nuestro auténtico sentir. Éste se constituye por sensaciones naturales como son por ejemplo el hambre y la sed y los sentimientos puros como son, entre muchos otros, la rabia y el dolor. Son reconocibles como tales porque expresan lo que sentimos de forma natural en una situación real y nos permiten alcanzar la serenidad (apatheia) y ser más lúcidos en situaciones adversas. Mientras que las pasionesdefinidas como las perturbaciones del alma– son identificables porque generan un sufrimiento evitable. Son el producto de nuestra mente en la medida que creemos que nuestros juicios acerca de las cosas son reales. Epicteto dice:
Los seres humanos se ven perturbados, no por las cosas, sino por sus opiniones, es decir, por las falsas representaciones que se hacen de las cosas”.
Por ejemplo, es una muestra de sentimiento puro el dolor natural inevitable que siento como ser humano ante el final de una relación sentimental, mientras que una pasión conlleva sufrimiento, esta vez evitable, en tanto que es generado por nosotros mismos cuando pensamos que no somos dignos de ser amados. En este segundo caso, el sufrimiento se basa en un juicio subjetivo erróneo –no en la realidad– que no me deja estar con claridad en el presente y, en consecuencia, me desconecta del dolor natural de pérdida, que es en realidad, lo que me permitiría atravesarlo. 
Es importante, por tanto, para poder relacionar íntimamente el pensar con el sentir, que sintamos la conexión con nuestro sentir profundo, porque si no, nuestro pensar adoptará un papel obstaculizador para alcanzar una vida buena. Ahora bien, ¿de qué forma nos desconectamos de nuestro sentir más profundo? Citaré algunos casos. Uno de ellos, es el miedo a sentir, el miedo a mostrarnos, basado en la desconfianza de nuestras propias capacidades. El miedo genera bloqueo, falta de avance de nuestro desarrollo como persona y nos habitúa a actuar desde ese miedo. No somos nosotros los que hablamos, sino nuestro miedo a ser juzgados, valorados o, bien, pasamos a ser la voz que se siente incapaz de gestionar otra vida. Otro caso es el de las personas que sustituyen su sentir por discursos ajenos a su propia vida extraídos de libros, documentos, conferencias, en suma, de lo que dicen otros. Resulta imposible que un discurso de este tipo pueda calar en nosotros cuando no sale de una experiencia que nos haya resonado muy profundamente. La sabiduría no puede concebirse desde otro punto de salida que nuestro sentir vital auténtico, que impregna todo nuestro ser. Un tercer caso es el de la racionalización, cuando pensamos para negar nuestro sentir. Muchas veces, nos damos cuenta de que estamos pensando demasiado, que estamos en un bucle infinito de pensamientos repetitivos. En lugar de entregarnos a la experiencia presente, nos sorprendemos con ese ruido mental, que nos impide disfrutar del paisaje por donde paseamos, de la conversación que mantenemos…, cuando examinamos los pros y contras, buscamos explicaciones, intentamos justificarlo o analizarlo todo. Se trata, en definitiva, de pensar para evitar sentir, sufrir, cuando es realmente no sentir lo que produce sufrimiento. Por último –aunque hay más estrategias para evitar el sentir profundo–, trataré del sentimentalismo, que identifica el sentir intenso como el auténtico sentir. Se buscan emociones intensas que tienden al desbordamiento emocional, y se perciben como inauténticas las que carecen de intensidad. Al contrario de lo que muchos piensan, no es que esa persona “sienta mucho” sino que piensa de forma inadecuada porque cree que sufrir le hace sentirse más potente y vivo. Se aleja de sentir de forma lúcida, responsable y autónoma, y se convierte en un sujeto pasivo a la búsqueda de elementos externos que den sentido a su existencia.
Ahora, llegados a este punto, podemos dilucidar mejor la relación entre el pensar y el sentir. Pensar es sentir profundamente en conexión con lo que soy realmente, en oposición a un discurso aislado de lo que sentimos. Se produce cuando me des-identifico de mis creencias limitadas y estoy realmente presente. Es decir, que para alcanzar una vida plena es inevitable cultivar la atención de nuestro sentir. Sentir por todos nuestros poros de la piel, el mundo, las personas, la vida misma, sin juzgar, analizar, proyectar, ni tampoco estar pendientes de las expectativas, y mucho menos, instalarnos en la búsqueda de resultados. Es dejar que las cosas se me presenten tal como son, es decir sin resistirnos a sentir la vida tal como es. No concibo el pensamiento filosófico –ni cualquier otro– si no surge de lo que sentimos honestamente en el presente. Cuando no caemos en la añoranza de las imágenes del pasado, cuando no generamos constantes proyecciones del futuro; en definitiva, cuando nos empeñamos en mantener vivas películas que solo alimentan la identificación con nuestras ideas y emociones, y refuerzan un ego que reprime mi sentir más auténtico. Por el contrario, así pues, si no partimos de ese sentir, deambulamos sin rumbo, sin sentido, por el mundo. De hecho, perdemos realidad como seres, dado que, cuanto menos sentimos auténticamente, menos reales somos.
Pensar, en definitiva, es un eco, es una prolongación de nuestro sentir más profundo. En palabras de Josep Mª Esquirol en La penúltima bondad, que define a lo seres humanos como seres sintientes que razonamos:
“El sentir es la base de la racionalidad y, por eso, quien no siente será “insensato,” es decir, no razonable”.
Es obvio que podemos pensar sobre la vida, pero no será más que un parloteo vacío y hueco, si no ha emergido desde un diálogo sentido en primera persona, en el que todo mi ser se haya puesto en juego. Y es desde aquí, cuando alcanzamos las cuotas más altas de lucidez, profundidad y objetividad en nuestro pensamiento. ¿Qué aspiración de verdad puede poseer mi pensamiento sobre el sentido de la vida, si no parto de cuál es el sentido que tiene la vida para mí, qué creencias, prejuicios, contradicciones son las que generan resistencia a vivir mi vida estando yo presente? Vivir es sentir que vivimos y no pensar que vivimos. Y este sentir no lo explicamos, sino que lo acogemos, cuidamos, le prestamos atención, y nos lleva a estar más despiertos, a emerger de las sombras de la caverna platónica y a transformar nuestra mirada. Una mirada que se amplía, se torna más honda, intuitiva y lúcida. Recojo, para acabar, esta misma idea a través de las palabras de Mónica Cavallé en El arte de ser:
“Pero el conocimiento al que nos invita la filosofía sapiencial es más amplio y profundo que el conocimiento que nos proporcionan nuestros juicios y argumentos, que las conclusiones que el pensamiento discursivo nos permite alcanzar. Hay un conocimiento que no equivale a poseer ideas y argumentos adecuados, sino al despertar de nuestra sensibilidad profunda: una sensibilidad que a su vez equivale a ser, un ser que es también un mirar”.
Leer más en HomoNoSapiens| Sobre la confusión y la claridad ¿Qué soy yo?

Nous cursos i retirs de filosofia sapiencial

Comença setembre, un mes de planificació de noves activitats i reptes. Aquí teniu el que tinc programat per la següent temporada filosòfica 18-19:
• 24-25 novembre 2018: Retir filosòfic: Com sents la vida?. Hotel Ca sa Padrina d'Artà. https://asesoriafilosoficaslowthinking.com/acerca-de/.

• 14 gener-4 març 2019 (presencial): Curs filosofia sapiencial: Com recuperar la confiança amb un mateix? Espai de Coworking WOHABY, Manacor. https://asesoriafilosoficaslowthinking.com/taller-recupera…/
 
• 16 gener-6 març 2019 (online): Curs filosofia sapiencial: Com recuperar la confiança amb un mateix? https://asesoriafilosoficaslowthinking.com/taller-recupera…/

• 23-24 febrer 2019: Retir filosòfic: Assaboreix la vida! Hotel Ca sa Padrina d'Artà. https://asesoriafilosoficaslowthinking.com/retir-filosofic…/

Disfruteu del que queda d'estiu



sábado, 18 de agosto de 2018

Cuestiones de consulta en el asesoramiento filosófico

Estoy enfrascada de lleno en la elaboración de la págima web de  la Asesoría filosófica Slow Thinking. Agradezco visita, compartir, seguir...
He colgado las cuestiones más relevantes, que motivan las consultas de asesoramiento filosófico, que son las siguientes:

¿Sientes que tienes menos energía o que has perdido la alegría? ¿Te encuentras indeciso ante una situación vital? ¿Percibes que tus miedos no te permiten ser tú mismo-a? ¿Tienes la sensación de que no avanzas?¿Intentas que todo esté siempre bajo tu control? ¿No te perdonas los errores y eres autoexigente? ¿Te relacionas mal contigo mismo-a? ¿Vives en el pasado o siempre piensas en el futuro?


¿ Crees que no eres capaz de conseguir lo que quieres? ¿Tu felicidad depende de los demás y no de ti? ¿Te sientes confuso o perdido?
¿Te resulta difícil mantener una buena relación con los demás (con tu pareja, amigos, hijos)? ¿Te resistes, te dan miedo o llevas mal los cambios en tu vida? ¿Te muestras posesivo y dominante? ¿Eres complaciente y tus necesidades no son importantes? ¿Te muestras a la defensiva? ¿Sufres mucho con las pérdidas (laborales, sentimentales, físicas…)?



miércoles, 18 de julio de 2018

Retir La veu interior

Algunes notes sobre el retir La veu interior:

Quan un observa i no s'identifica amb les ses seves emocions i pensaments, comença a ser responsable i amo de la seva vida. En el moment que es presenti la por, la ira o la tristesa dóna'ls un espai on puguis sentir-les, observar-les i comprendren-les. Deixaràs de ser esclau de les teves idees errònies i començares a decidir qui vols ser.
 
Gràcies a aquest grup tan preciós.