sábado, 12 de septiembre de 2020

CURS FILOSOFIA SAPIENCIAL: RECUPERAR LA CONFIANÇA EN UN MATEIX

Modalitat online 21 octubre- 25 novembre

 

Com estàs d’autoconfiança? Si et fa ganes indagar sobre les creences i judicis que afecten la teva confiança amb tu mateix, la realitat i els demés, pot interessar-te aquest curs.

 

DESCRIPCIÓ

L’autoconeixement és imprescindible per aconseguir una presència més real de nosaltres mateixos. Apropar-nos a qui som realment està vinculat amb la confiança en un mateix. Partim d’un principi bàsic i fonamental: totes les persones tenen potencialment, la saviesa profunda i els recursos necessaris per assolir la seva plenitud. En moltes ocasions, la manca de confiança en nosaltres mateixos, i en conseqüència, en el món, la vida i les persones, es produeix per idees i judicis inadequats, que ens allunyen de viure plenament en el present. Aprofundirem en aquesta línia, des de l’autoconeixement, observant, comprenent i clarificant les resistències i obstacles, que no ens permeten confiar en el fons de la realitat que es manifesta en la nostra pròpia interiotat. També s’aportaran indicacions des de la filosofia sapiencial, que ens permetin estar més en contacte amb la nostra autoconfiança.

COM FAREM LA FEINA

El coneixement de la naturalesa profunda de l’ésser humà a la filosofia sapiencial només es pot fer de forma experiencial. No es necessiten coneixements previs de filosofia i és accesible a tothom. Per tant, no és un taller enfocat a teories filosòfiques, ni tampoc es basa en un enfocament psicològic de qui som, sinó que es tracta d’“experienciar“ qui som: d’estar present d’una forma lúcida, de seguir la nostra pròpia veu des del nostre “centre“ interior incondicionat i lliure. Experimentar, en conseqüència, que som més que la nostra ment, és el que ens permetrà que brolli la confiança que ens posa en contacte amb el Jo Real.

Es tracta, per tant, de fer una indagació personal des de situacions problemàtiques personals o en aspectes relacionats amb la temàtica que es vulguin aprofundir més. Treballarem bàsicament amb el diàleg filosòfic, a partir de textos filosòfics, dinàmiques grupals i meditacions (exercicis espirituals), que ens permetin identificar quins són els obstacles que no en deixan entrar en contacte amb la veu de la nostra intel.ligència més profunda, el Logos. Algunes qüestions, entre altres, presents al llarg del curs són les següents:

  • Les opinions i critiques dels demés determinen les meves decisions? En quina mesura el reconeixement i l’éxit és necessari a la meva vida?
  • Segueixo/No segueixo la meva veu interior? Per por al fracàs? A l’incertesa del futur? Rebuig social? Insuficiència/incapacitat pròpia?
  • Crec en el meu potencial, intel.ligència i capacitat per a desenvolupar-me en el món? Penso que puc aportar alguna cosa als demés, a la vida?
  • Acostumo sovint a comparar-me amb els demés? Si ho faig de quina manera? Em sento superior, inferior…? Sento enveja, admiració….pels altres? Vull imitar als demés?

TEMAS:

S’estructura en tres parts que corresponen a 2 sessions cada una. En total el curs consta de 6 sessions:

  1. Experienciar qui som realment: La confiança entesa com el coneixement de Si mateix. La desconfiança com a fruit de la ignorància.
  2. Obstacles de la confiança: la falsa saviesa, les opinions i critiques dels demés, l’èxit i el reconeixement, les comparacions, l’obediència, les espectatives (el jo ideal), el control i la falsa seguretat.
  3.  Indicacions del camí de la confiança (seguint el guió de na Mónica Cavallé al seu llibre La sabiduría recobrada): confiar amb un mateix, fer el que creiem íntimament, accio/reacció, viure sense por al desconegut, silenci.

DURACIÓ I HORARI:

  • Modalitat online:

Des del 21 d’octubre fins els 25 de novembre, tots els dimecres (19h-21 h) un dia a la setmana  a la plataforma virtual (Zoom).

FACILITADORA DEL CURS: Cristina Avilés

PREU: 40 € en total.

Inscripcions i més informació:

Teléfono: 971 206 527
E-mail: llibrerialluna25anys@gmail.com

viernes, 21 de agosto de 2020

Sobre la transformación

Sobre la transformaciónUn nuevo artículo que he publicado en la revista homonosapiens que se titula: Sobre la transformación.

 

Me viene a la cabeza todas las veces que he escuchado a alguien hablar sobre la urgencia de un cambio en su vida. Es como un mantra que deambula, va y viene, incesantemente, en diferentes formatos: “necesito un cambio”, “necesito que cambies”, “es necesario que el mundo cambie”. El denominador común de estos tres tipos de demanda es que se sustentan en una creencia que predica que mi plenitud reside en última instancia en los demás o en el exterior. En la sociedad actual, para poder saciar esta necesidad de cambio, se vende mucha actividad y muchos productos que nos prometen paraísos terrenales y cambios para “mejorar” nuestra vida. Sin embargo, aunque exista mucha circulación de actividades hay muy poca experiencia. Viajamos, por ejemplo, buscando una experiencia que nos llene y, en muchas ocasiones, volvemos con las maletas repletas de cosas, comprobando, al mismo tiempo, que tan rápido como se llenan también se vacían. Si supiéramos que cuanto más buscamos menos hallamos lo que anhelamos, nuestra vida sería otro cantar: supondría la posibilidad de empezar a crear bellas melodías en sintonía con el latido del Universo. ¡Nos cuesta tanto descansar en la quietud! Tanto movimiento y actividad que no nos permite ver que es en la quietud desde donde podemos atisbar la transformación. A través palabras de Lao Tzu en el Tao Te King se muestra esta idea:

Sin salir más allá de tu puerta, puedes conocer los asuntos del mundo.

Sin asomarte a través de la ventana, puede ver al Tao Primordial.

No es necesario viajar más lejos para conocer más.

Así pues, el Sabio conoce sin viajar, ve sin mirar, y logra sin actuar.

No es lo mismo un cambio que una transformación y, no todos los cambios implican que haya una transformación. Resulta, pues, necesario distinguir entre cambio y transformación. La filosofía antigua arroja luz a esta distinción cuando concebía la filosofía como una forma de vida, que se alejaba de un conocimiento meramente intelectual, para dar lugar a una “sabiduría” que comprometía a la existencia entera y permitía vivir al hombre en unidad con el cosmos. A diferencia de los cambios que son temporales, la transformación, pues, abarca todo el ser. No se limita a alterar el orden de las cosas para conseguir un resultado, o en el que sustituimos una cosa por otra para adaptamos a una nueva situación. En la transformación el cambio emerge desde de nuestro interior, socava lo más profundo y va a la raíz de mi visión de la realidad: comprendiendo cómo y desde dónde vivo emerge una mirada nueva que impulsa la creación de un nuevo sentido. Por ejemplo, tenemos el caso de una persona que se encuentra insatisfecha, hastiada y desmotivada con su trabajo. Decide cambiar de lugar suponiendo que un cambio de compañeros y de lugar podría suponer una solución. Pero, por qué no se plantea, qué es lo que necesita de verdad, si ese trabajo está expresando lo mejor de sí mismo, si se están movilizando sus mejores cualidades, si se corresponde con lo que da sentido a su vida y, por tanto, va en sintonía con la alegría (en términos de Spinoza) y la plenitud. Los estoicos, sabían mucho de todo esto, y sabían cómo dotarnos de la mejor versión de nosotros mismos. Los cambios transformadores se producen cuando prestamos atención a lo que depende de nosotros y, además, vivimos en confluencia con la realidad, aceptando que no podemos tener control sobre lo que acontece. Una filosofía que orientaba sus prácticas  hacia una mayor consecución de libertad interior.

El verdadero cambio que nos transforma es el que surge de lo más genuino y profundo de nosotros mismos. Esto supone una indagación introspectiva que favorece la consecución de una mejor comprensión de la realidad, a través de la búsqueda de la verdad, en la que se cuestionan las interpretaciones que distorsionan nuestra mirada y, que permite “vivirnos” desde quienes ya somos. Los cambios no se producen sin una entrega a la realidad tal como es. Se trata, pues de mirar lo que está pasando, sin negarlo o rechazarlo. Es estar presente sin establecer juicios que provengan de expectativas, exigencias o de ideales. La entrega se traduce en una confianza incondicional en la realidad y, por tanto, en una ausencia de conflicto entre el yo y la realidad. Y, a eso no se llega desde un empeño o un querer del intelecto. Estamos muy lejos, pues, de posiciones voluntaristas, de un esfuerzo para ser mejores o cambiar, sino ante una invitación para emprender la experiencia de la unidad. Como dice Jäger Willigis en su obra “Sobre el amor:

En la senda espiritual, la ética surge en la persona no de buenos propósitos y de apelaciones a la voluntad, sino de la experiencia de la unidad. La persona se transformará hasta en lo más profundo de su ser. Esto trae consigo una transformación de la conciencia y de una visión del mundo que supera el estrecho círculo del yo. La persona abandona su egocentrismo e individualismo, y se experimenta como parte de un gran todo.

El cambio transformador se da, por tanto, cuando rompemos con esa inercia a vivir separadamente del mundo. Y, esto no puede darse si estamos atrapados en el tiempo psicológico-egótico o en el cronológico. La transformación se da en un presente atemporal. Krishnamurti en su obra “Vivir de instante en instante” lo expresa a través de estas palabras:

El hombre que confía en el tiempo como medio por el cual puede lograr la felicidad, comprender la verdad o Dios, sólo se engaña a sí mismo; vive en la ignorancia y, por lo tanto, en conflicto. Pero el que ve que el tiempo no es la salida de nuestras dificultades, y por lo tanto está libre de lo falso, un hombre así, naturalmente, tiene la intención de comprender; su mente, por consiguiente, está serena espontáneamente, sin compulsión, sin prácticas. Cuando la mente está serena, tranquila, sin buscar respuesta ni solución alguna, sin resistir ni esquivar, sólo entonces puede haber regeneración, porque entonces la mente es capaz de captar lo que es verdadero; y es la verdad lo que libera, no vuestro esfuerzo por ser libres.

Siguiendo esta idea, es evidente que ha sido bastante recurrente en Occidente la búsqueda de cambios como sinónimo de progreso, haciendo un uso -más que cuestionable y harto criticado- de la razón instrumental. La voluntad aquí se halla sometida a una creencia de que el cambio es sinónimo de progreso, entendido como un ideal que nos proporcionará la felicidad en el futuro. Un ideal que está fundamentado en una deficiente comprensión radical de la realidad, puesto que la felicidad se da cuando vivimos en confluencia con el sentido de la Vida, del Logos, el Tao, el brahman… Volviendo de nuevo a Jäger Willigis: afirma que el verdadero progreso es el origen y, por tanto, el regreso. Para explicar esta idea la relaciona con la parábola del hijo pródigo que, según sus palabras, “ilustra magistralmente la historia de nuestra transformación”. Al igual que el hijo pródigo, quien simboliza el ego que actúa de forma narcisista, hemos abandonado la casa del padre, quien simboliza la esencia de nuestro ser, nuestra patria. En consecuencia, hemos olvidado quiénes somos en realidad. Esto, evidentemente nos produce dolor que resulta de la consecuencia natural de la separación de nuestra verdadera esencia. Siguiendo las palabras del autor dice lo siguiente:

Parece que debemos atravesar primero por la separación, el dolor y la necesidad, antes de estar preparados para regresar a nuestra verdadera patria. Con frecuencia es el dolor, el fracaso, lo que nos hace recobrar la conciencia y lo que nos recuerda nuestra meta verdadera. En la historia se trata de la casa del padre, queriendo señalar con ello nuestra esencia verdadera, el regreso a la unidad con el fundamento primordial de la vida.

La transformación implica, pues, descubrimiento. Parafraseando las célebres palabras de Proust: «El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos«. Una mirada que es equivalente a estar atentos y, que no es otra cosa, que tener cuidado de nosotros mismos y, por tanto, del mundo. En esa mirada lúcida y penetrante está el germen de la transformación, que se sitúa en las antípodas de esos cambios que circulan en los mercados perecederos del Ser. A diferencia de lo que se enseña en las facultades de Filosofía, para llegar a la transformación no se requieren grandes dosis de erudición, pensamiento ni grandes dotes argumentativas, sino una mirada desnuda y limpia que despoja al mundo de filtros, retoques y capas de maquillaje. Desde allí, entregados en la quietud del silencio, paradójicamente, no nos encontramos solos sino reconciliados con la vida y con el mundo porque estamos de nuevo en casa. Por último, estas palabras de Nisagadartta en su obra Yo soy eso:

Siéntase perdido! Mientras se sienta competente y seguro, la realidad está más allá de su alcance.

A menos que acepte la aventura interior como modo de vida, el descubrimiento no llegará a usted.

Olvide sus experiencias pasadas y sus logros, quédese desnudo, expuesto a los vientos y lluvias de la vida y tendrá una oportunidad.

Leer más en HomoNoSapiens| Café filosófico: ¿Por qué sufrimos?  Sobre el pensar y el sentir Sobre la gratitud

sábado, 9 de mayo de 2020

Sobre la gratitud



El artículo que he escrito en Homonosapiens. Es el siguiente:

Nuestros padres nos han enseñado desde muy pequeños que es de buena educación dar las gracias y es de mala educación el no hacerlo. Con ello me estoy refiriendo a una educación que está vinculada a la obediencia, al deber, a lo correcto. Pero, más allá de una educación meramente formal, que considero necesaria en cuanto propicia una mejor convivencia, se da otra acepción de la gratitud desde una dimensión más profunda y radical en nuestra existencia, que es lo que trataré de hilvanar a continuación, y que no pretende, en absoluto, substituir o negar la anterior, sino nutrirla y enriquecerla.
Primero de todo, quiero recalcar que una de las cuestiones que más me ha dado que pensar, en mi trabajo de autoconocimiento, ha sido el de la gratitud, y es en el que he intentado -e intento- poner más luz. Partiré, pues, de mi singular experiencia para profundizar más en la cuestión. Recibí una educación en la que me dijeron que dar las gracias suponía deber algo a alguien o, en caso contrario, que me debían algo si me las daban a mí. Y, aunque, es cierto que prefería que me debieran antes de deber yo algo, pude vislumbrar que, en realidad, la gratitud tiene que ver mucho con el amor. En este caso el amor es colocarse de alguna manera en la posición del dar, pero no de un dar que espera algo, que exige algo, sino de un dar incondicional y que se “abre” también al otro: “no hay un dar sin recibir”. La gratitud, pues, parte de ese querer sin condiciones, expectativas y exigencias. La gratitud, por tanto, tiene que ver con el amor, con el amor que soy, que somos, con la unidad con el Todo. Jäger Wiligis en su obra Sobre el amor nos dice:
Más bien (el amor) intenta hacer accesible un territorio para la unión íntima, que supere ampliamente el «Yo te amo» y el «Tú me amas». Se trata del terreno de la unidad con todos y con cada uno. Supera la visión antropocéntrica del mundo y nuestro egocentrismo. Coloca en el foco de atención las verdades de fondo y hace que sean accesibles nuestros lazos con las causas más profundas de nuestro ser. Aquí no se experimenta el yo como algo separado de todo lo demás, sino como una ola del océano.
En el acto de agradecer más genuino se da, pues, un reconocimiento de algo. Recibimos lo que se nos da, o se nos presenta, como algo valioso y, a la vez, expresamos ese reconocimiento de forma íntima y/o verbal. Y, ahí viene uno de mis campos de batalla más encarnizados: ¿cómo voy a reconocer esos actos que resultan dolorosos, injustos o aberrantes? Y, haciendo referencia en nuestro contexto actual al coronavirus, ¿cómo vamos a agradecer que amenace un virus nuestra vida y nuestra estabilidad económica? De primeras, resulta de poco sentido común e ilógico agradecer lo que aparentemente nos daña; aunque es bien sabido, que el sentido común y la lógica no siempre van de la mano de la verdad más profunda y radical. Se acepta, de forma generalizada, por tanto, una creencia basada en que es de agradecer lo «positivo» y lo «agradable», pero no lo que sentimos que nos «pesa» o limita. Normalmente, se entiende como algo que nos aleja de la vida buena, y que emerge de concepciones simplistas de la felicidad, que no atienden a abrirse a todas las dimensiones de la vida. Sin embargo, no hay alegría sin transitar la tristeza de momentos dolorosos, ni tampoco haber aprendido de las dificultades. Y eso es, cuando ocurre evidentemente, es de agradecer, porque comporta más comprensión y, por tanto, más verdad. Nietzsche, en la Gaya ciencia nos da un buena lección de ello: 
Vivir: esto significa para nosotros transformar constantemente en luz y llama todo lo que somos, también todo lo que nos afecta, y no podemos en modo alguno hacer otra cosa. Y en lo que concierne a la enfermedad, ¿no estaríamos casi tentados de preguntar si podemos siquiera prescindir de ella? Sólo el gran dolor es el liberador último del espíritu… Sólo el gran dolor, aquel largo y lento dolor que se toma tiempo, en el que somos quemados como madera verde, por así decir, nos fuerza a nosotros filósofos a descender a nuestra última profundidad y a despojarnos de toda la confianza, de toda la placidez, de todos los velos, de la gentileza y la mezquindad en  las que tal vez hemos instalado nuestra humanidad. No estoy seguro si el dolor nos «mejora», pero sé que nos vuelve más profundos                                     
El agradecimiento desde la filosofía sapiencial está íntimamente unido con “vivirnos” desde nuestra identidad última y más profunda, que no es más que nuestra capacidad de amar, comprender y crear, cualidades esenciales del ser humano. Desde este lugar es desde donde podemos hacer posible un cambio de mirada para poder ejercitarnos en el agradecimiento más profundo: en contemplar como la Vida se manifiesta a través de nosotros. Se nos hace evidente que no tan solo nos conforma lo que nos conmueve y nos alegra, sino también lo que nos entristece y nos da miedo. En todo ello se encuentra la posibilidad de profundizar y ahondar en la realidad del ser humano, que es, esencialmente, la misma en todos los seres humanos. Y en ese reconocimiento profundo de quiénes somos es donde se nos hace evidente que la Vida nos posee y se manifiesta a través de nosotros. Agradecer íntimamente esto es todo un ejercicio vital que nos remite a la vida buena
La mejor expresión de nosotros viene, por tanto, a través del reconocimiento esencial de quiénes somos y, de ahí surge el agradecimiento más profundo y genuino. No en vano, se difundió en los clásicos, entre ellos a Sócrates, la práctica del autoconocimiento con el objetivo de ahondar en el conocimiento de la realidad humana. Esa ingente tarea de muchos pensadores, para dar más luz a nuestra conciencia, es también otro motivo de agradecimiento, ya que nos muestra la idea de que en nuestro interior se halla la chispa que nos trasciende y que también nos alimenta. Recordando a Pierre Hadot: “a través de la introspección accedemos a la Universalidad del pensamiento del Todo”.  ¿Quién soy yo? Soy anhelo y deseo de verdad y, en esa verdad, reside la evidencia de que soy con los otros y con el mundo que me sostiene. Para agradecer, pues, es necesario abrir bien los ojos. Es aquí donde radica la actitud filosófica de un saber vinculado a un “despertar”. Miremos, pues, el mundo con esos ojos, “que nos permitan dotar de alas nuestras almas”.  Tal como dice Filón
Quienes practican la sabiduría están en excelente disposición para contemplar la naturaleza y todo lo que ella contiene; observan la tierra, el mar, el aire y el cielo con todos sus moradores; gozan pensando en la luna, en el sol, en los demás astros, errantes y fijos, en sus evoluciones y si bien a causa del cuerpo están atados aquí abajo, a la tierra, dotan de alas a sus almas a fin de avanzar entre el éter y contemplar las potencias que allá habitan, como conviene a verdaderos ciudadanos del mundo. Rebosantes de este modo de una perfecta excelencia, acostumbrados a no tomar en consideración los males del cuerpo ni las cosas exteriores […] se entiende que tales hombres, en los goces de sus virtudes, pueden convertir su vida entera en una fiesta.

ACOMPAÑAMIENTO FILOSÓFICO COVID-19

Somos un grupo de filósofos dedicados al Acompañamiento o Asesoramiento Filosófico y vinculados a la Escuela de Filosofía Sapiencial creada por Mónica Cavallé. A través de esta página, deseamos prestar un servicio desinteresado a quienes se están viendo golpeados, a nivel existencial, por la delicada situación generada por el COVID-19. 
Hay más información en este link







miércoles, 19 de febrero de 2020

SLOW THINKING: PREN-TE LA VIDA AMB FILOSOFIA

Xerrarem sobre la importància de deixar de banda, en alguns moments, la voràgine del mon que ens envolta per tenir cura d'un mateix. Això indubtablement afavoreix l’expressió de les nostres millors possibilitats per assolir la vida bona. Una vida, que sense examen o indagació, queda relegada a ser un viatge a la deriva i sense patró que no ens permet arribar mai a bon port.

domingo, 9 de febrero de 2020

Sobre las buenas preguntas

 Sobre las buenas preguntas

Mi nuevo artículo en la revista Homonosapiens que trata sobre la importancia de hacer buenas preguntas que nos llevan a penetrar en la realidad de las cosas y, también, sobre las respuestas que vienen de una escucha atenta y cuidadosa. Es el siguiente:

Actualmente, la mayoría de las personas tienden, de forma generalizada, a ver el mundo desde una mirada resolutiva, buscando soluciones rápidas y fáciles a todo lo que les preocupa, molesta o intimida, preocupados más por resolver que por comprender, indagar y clarificar sus propias concepciones del mundo. Se da, por tanto, una mirada a la vez utilitarista e instrumentalizadora que se dirige a la consecución de buenos resultados en sus acciones, pensamientos y palabras. En este trasiego de miradas que rozan la superficie de la vida, las personas se atiborran de premios, elogios y likes. Esto da lugar a que nuestra identidad se diluya en un baile de máscaras, dirigido por un público que no resulta en absoluto neutral, pues infantiliza y ningunea el criterio propio. ¡Qué lejos estamos así de gozar del presente de forma incondicional, de descansar en el lugar dónde podamos saborear los matices, contemplar los detalles y deleitarnos con la contemplación de  lo simple!
Evidentemente, con ello no quiero negar la importancia de una mirada utilitaria y resolutiva hacia los problemas que se plantean a diario en nuestras vidas, y que resulta imprescindible para gestionar nuestra vida diaria.  Sin embargo, se dan algunos problemas de índole existencial y vital que no quedan resueltos de esta forma. Por ejemplo, por mucho que quiera solucionar un problema de insatisfacción en el trabajo, no lo podré hacer si no me detengo a preguntarme qué es lo que está pasando. Imagínate que este malestar proviene de mi temor a mostrarme tal como soy o que mi valía reside en la valoración y reconocimiento de otros.  Me pueden dar pautas y recomendaciones para que no piense, me relaje o me resigne, incluso para que abandone este trabajo. Pero, probablemente, emergerá de nuevo esa desconexión con mi valía incondicional y propia, cayendo así en una dinámica en bucle, con situaciones que de forma sospechosa convergen en un “ay, siempre me pasa lo mismo…”
En filosofía, la vía propuesta para mirar el mundo es el que se corresponde a una mirada que deviene contemplativa -no discursiva, ni resolutiva, ni enjuiciadora, ni analítica- para permitirnos ver lo que nos cuesta o no queremos ver. Uno de los elementos claves que nos posibilita alcanzar más toma de conciencia sobre la realidad es el arte de hacerse “buenas preguntas”. Con la pregunta, nos situamos en un lado o en otro desde donde mirarnos, contemplar el mundo y a los demás. Estás decidiendo, de alguna manera, cómo vivir tu vida. En palabras de Heidegger:
Filosofar consiste en preguntar por lo extraordinario… y no sólo es extraordinario aquello que se pregunta, sino el preguntar mismo… Todo preguntar es un buscar. Todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado… El preguntar tiene, en cuanto preguntar por… aquello que se pregunta. Todo preguntar por es en algún modo preguntar a…
Es importante distinguir, por tanto, entre preguntas “no muy buenas” que nos dejan indiferentes y, otras, en cambio, que nos conmueven profundamente porque abren nuevas vías para desdibujar los contornos que nos mantienen prisioneros. Si estás atento acerca de qué te preguntas, ante una situación de desasosiego, apatía vital, incertidumbre o confusión, podrás comprender mejor cuáles son tus límites para comprender el mundo. Por ejemplo, si te preguntas cómo solucionarlo, vas a enfocarte hacia el resultado, evitando una mirada que se sumerja de forma profunda en la realidad. Si te preguntas la razón por la que el mundo está confabulado contra ti, vas a contemplar la realidad desde una mirada de víctima. Si te preguntas por qué siempre lo haces todo mal, estás viendo el mundo desde una perspectiva impregnada de frustración, en la que el culpable eres tú.
Hacer buenas preguntas requiere tener una mirada penetrante y lúcida que respete en esencia lo que la filosofía es: amor al conocimiento. La búsqueda de la verdad es el horizonte en el que se mueven las buenas preguntas, para que el interlocutor vaya desde la superficie hacía lo más hondo de su ser.  Se necesita también, estar atento a lo que no acaba de cuadrar, que puede ser sospechoso y que nos lleva a tirar del hilo, para “verlo” mejor. También se necesita querer ver. Aceptar, también, que no hay respuestas exactas, sino comprensiones que nos llevan a adquirir mayor conciencia de la realidad. Nadie mejor que Sócrates para guiarnos en el arte de hacer buenas preguntas a través del diálogo.  Con las cuestiones que lanzaba a sus interlocutores aspiraba a que ellos mismos “diesen a luz”  nuevas comprensiones, sin imponerles cómo habían de pensar o de vivir. Este método se conoce como el arte mayéutica. Platón en el Teeteto hace referencia al método socrático con estas palabras:
Mi arte mayéutica tiene las mismas características que el arte [de las comadronas]. Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y en que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto. Lo mejor del arte que practico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero.
Por último, en la  filosofía, se ha solido dar más relevancia a la pregunta que a la respuesta. Es evidente, tal como hemos dicho anteriormente, que las buenas preguntas marcan un territorio nuevo a explorar, en el que puedan brotar nuevas comprensiones. Es esa pregunta, que trastoca nuestro interior, la que nos permite entrever un amplio horizonte de nuevos sentidos. Esa pregunta siempre nos aturde y nos vuelve de nuevo una y otra vez. No nos deja tranquilos porque nos está avisando de que  hay algo que necesita ser visto y trascendido. Sin embargo, también podemos hablar en el ámbito filosófico de respuestas cuando las entendemos en este sentido apuntado anteriormente, es decir, como una nueva comprensión que nos acerca a la verdad. La respuesta no la vamos a alcanzar a través del pensamiento, sino a través de la vinculación con ciertas experiencias -un estado de ser-  que nos transforma.
La respuesta, más que buscarla, nos llega, cuando estamos presentes y escuchamos. Supone, por tanto, también dirigir nuestra atención a  lo que moviliza la pregunta en nuestro interior y “escuchar” la respuesta. Según Mónica Cavallé en El arte de ser:
Si se nos hace una pregunta de cierto alcance, solemos creer que, para responder adecuadamente, tenemos que analizar antes lo que vamos a responder y controlar de algún modo nuestra respuesta. Pero lo cierto es que, simplemente estando presentes y escuchando, la respuesta se alumbra sin necesidad de empujarla, controlarla o manipularla. Dirigimos la atención, pero, acudiendo a la expresión oriental, «no empujamos el río». Y dirigir la atención es escuchar. Si escuchamos bien, estando presentes en nuestra escucha, la respuesta surgirá por sí misma. Más genéricamente, cuando en nuestra vida escuchamos la realidad, la situación global en la que nos hallamos, nuestra propia interioridad, a las personas, etcétera, las respuestas adecuadas –palabras y acciones– surgirán; y si alguna de estas acciones requiere esfuerzo y disciplina, el esfuerzo y la disciplina también surgirán.

domingo, 12 de enero de 2020

Taller filosofia: Amor i autoconeixement

La imagen puede contener: exterior, agua y naturaleza


TALLER: AMOR I AUTOCONEIXEMENT

DESCRIPCIÓ:
Una de les qualitats essencials que constitueixen la nostra identitat més profunda és que som un canal d’afectivitat i d’amor. Però, quan es manifesta i actualitza l’amor que ja som es produeixen distorsions afectives produïdes per judicis erronis, que ens condueixen a una mala relació amb el nostre sentir més profund i, per tant, ens desconnectem de l’amor que ja som essencialment. A través d’una pràctica d’autoconeixement i del diàleg filosòfic comprendrem de quina forma estimem i quins són els obstacles que ens impedeixem assolir una relació plena. Entre aquests impediments parlarem sobre l’amor romàntic i de com aquest ha marcat un ideal, en moltes ocasions, molt distant del que és l’amor incondicional. També tractarem d’identificar les nostres expectatives, exiggències i pors. Acabarem amb unes indicacions filosòfiques que poden ser inspiradores per aconseguir mobilitzar la nostra capacitat d’estimar des d’on som realment nosaltres mateixos.

METODOLOGIA:
Es desenvoluparà una part de classe teòrica i una pràctica d'indagació personal a partir d'un diàleg filosòfic que possibiliti la comprensió d'alguns aspectes, reaccions i accions que ens resulten problemàtiques o que simplement vulguem aprofundir més en l’àmbit amorós. Es tracta de reflexionar de manera grupal sense deixar d’endinsar-nos en la nostra problemàtica particular a través de qüestions com aquestes:

Què és l’amor? De quina forma em relaciono amb l’amor?
-En quin grau estimo de forma incondicional a l’altre/a?
-Quan em trobo amb més dubtes, desconcert i pors a l’hora d’estimar?
-Visc amb alegria, harmonia i apertura les relaciones amoroses o m'he instal·lat en la resignació, el cinisme i el ressentiment?
També es desenvoluparan activitats que s'encaminen a fomentar la vida contemplativa. Es tractarà d'exercitar, per tant, una actitud d '"estar alerta" i despert, que ens ajudarà a viure l’amor que ja som.

CONTINGUTS:
El Taller s'estructura en 3 temes:

-La filosofía: el amor incondicional a la veritat. La filosofía sapiencial: Viure l’amor des del que sí som. Concepció de l’èsser humà (psique, soma i nous). La qualitat essencial amor/felicitat.
- Formes pures i distorsionades d’estimar: l’amor romàntic, jo ideal/tu ideal, falses qualitats, el sentimentalisme, cercar ser complets a través de l’altre…
-Inspiració: La superació de la dualitat. La vivència de la Unitat. Textos filosòfics i literaris.

DURACIÓ: 10.30h-14.00h/16h-19h
DATA: 7 DE MARÇ
PREU: 40 €
INSCRIPCIONS: Telefonar a la llibreria 971206527
o enviar correu a llibrerialluna25anys@gmail.coom

IMPARTICIÓ: Cristina Avilés Marí. CURRICULUM.
https://asesoriafilosoficaslowthinking.com/qui-soc-jo/